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Mauricio Macri partió a la gira que comenzó en Moscú después de haber analizado junto a Marcos Peña los amargos caminos de salida que le quedan al Gobierno como opción para calmar la crisis que se generó con Jorge Triaca y sus insultos al personal doméstico. Ninguna de las soluciones posibles está exenta de dolores. 

Triaca es un ministro del círculo íntimo para Macri y un integrante valioso y querido por todos dentro de Cambiemos, pero su permanencia en el cargo y la debilidad que supone la situación que enfrenta complican la fortaleza del Presidente en las negociaciones clave que se vienen tanto en paritarias como en la reforma laboral.

La importancia de esas negociaciones, tanto por el impacto inflacionario este año como en los cambios laborales que esperan las empresas (señal clave para probar la veracidad de los nuevos tiempos que proclama Cambiemos) van más allá de las lealtades internas dentro del macrismo; serán la base de la subsistencia del programa económico.

La primera decisión que tomó el Presidente fue ordenar un apoyo inoxidable a Triaca por parte de todo el Gobierno. Ayer Patricia Bullrich hizo su parte. Todo será así por lo menos hasta que vuelva Macri de su gira europea. En el regreso algunas cosas pueden cambiar.

El ministro de Trabajo esta blindado, por ahora, no solo por los intentos del macrismo de arreglar los daños por las declaraciones de Triaca y los nombramientos en el SOMU (no sólo el de la ya famosa Sandra), sino también gracias a la verborragia de Luis Barrionuevo. Imposible entregarle la cabeza de un ministro cuando el sindicalismo amenazó con un mal final para todo el que se les anime. Es una garantía de estabilidad, pero no para siempre.

Mientras tanto hay alternativas en juego. En la intimidad del Gobierno se razona hoy que en caso de sacrificar una ficha no puede hacerse optando por el cambio hacia posiciones demasiado negociadoras; de ahí que se dude de opciones como la de Diego Santilli.

En esa ronda de razonamientos si aparece de nuevo Jorge Lawson, que en un acuerdo con José Manuel de la Sota fue opción antes que Triaca en la arquitectura del primer Gabinete pensado por Macri. Luego todo decantó al entonces diputado macrista.

Para el sindicalismo significaría un endurecimiento de las posiciones de Macri, lo que no resultaría ilógico si el presidente debe enfrentar una negociación paritaria con sindicatos que no aceptan ni el tope de 15 %, ni la inclusión de la cláusula gatillo. Menos cuando el gobierno ya entregó, en parte por la crisis de Triaca, la integridad de una reforma laboral que para las empresas y la competitividad de la economía es clave, dividiéndola ahora en capítulos. El primero que se anunció es el único que el peronismo avisó que aceptar; es decir, el blanqueo laboral. No parece en esos términos que sean tiempos con chances para posiciones contemplativas.

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